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miércoles, 7 de junio de 2017

EL MITO DE ODISEO Y PENÉLOPE, PARADIGMAS DEL DRAMA HUMANO


Estar en la paz del corazón es estar en armonía con las sombras y las luces. El origen etimológico de "armonía" es juntar hombros. El concepto de esta palabra, es que se puede unir a otra cosa aunque sea diferente y crear algo nuevo, surge un fruto que da placer, es bello cuando cada nota musical cumple con su papel, cuando el pintor hace una mezcla equilibrada. 



Lo paradójico es que un cuadro o un paisaje donde todo es luz, decimos, no hay contraste, entonces viene el papel de las sombras, que refuerzan las zonas brillantes. 
Eso es armonía, es lo que el ser humano debe saber, aún nos irritamos con el que supuestamente es el "malo de la película". 

Maldecimos y nos ponemos a la defensiva, señal de que no existe armonía en nuestro interior. 

Siempre buscamos al adversario, al villano perverso, para así quizás justificar nuestras mediocridades. En cada sistema político, en cada grupo, en cada clan familiar, existe un contrincante y cuando no se cumplen los objetivos despotricamos del oponente. 

Pero así ha sido siempre, vamos en bajas vibraciones, entonces el odio y el rencor se prolonga por todos los ámbitos. Porque la sociedad está dividida, porque existen los dormidos, los aborregados. Ayer era la amenaza del comunismo y del imperialismo, hoy son los terroristas y el islán, espera un poco que mañana serán los extraterrestres oscuros. 

La realidad es que estamos divididos interiormente, por eso nos enfrentamos los unos con los otros y no aprendemos la lección aún con madurez.

Siempre tendremos un motivo para levantar el puño, porque es más fácil el rol de sentirse víctima, que asumir con responsabilidad que eres el creador de todo lo que ves, te llega y experimentas. Eso es la paz, entrar en la armonía con el bestia exterior e interior. Y no se trata de pactos, ni de entrar en concordatos y acuerdos con la oscuridad, no se trata de que "ese otro cambie", ni de cambiar su forma de pensar y que  deje de ser un psicópata asesino, se trata de una reconciliación interna.

Cuando veas al "enemigo y a la adversidad" que te rodean y te hacen la guerra, da gracias, es un regalo, es un aviso que viene de lo exterior, "están en la colina más cercana" y te asedian por todas partes, por tus parcelas. Por eso, no te descuides, porque han sido creados y consentidos por tí mism@ quizás desde dimensiones más elevadas para que no te duermas.


Cuenta el mito de Odiseo que llegó a una isla con sus compañeros de viaje: (La isla representa el Maya o Matrix de la ilusión). Y se vió rodeado de ninfas, complacido con todos los manjares y placeres, se sentía en la gloria, pero cuando despertó del ensueño (engaño e ilusión), se dió cuenta que habían pasado quince años y que había olvidado a la pobre y desconsolada Penélope, imagen del alma...Ulises (Odiseo) es arquetipo del ser humano engañado, tentado y seducido por la apariencia de Maya, aunque de todas maneras, siempre sale vencedor, siempre emerge de cada naufragio, siempre se recupera, porque posee estirpe de noble, es un héroe, es un rey (divinidad olvidada) que ha perdido sus orígenes y misión...

Mientras, Penélope también era asediada por muchos contrincantes, que querían suplantar el lugar o el trono sagrado de su marido. Pese a todos los años transcurridos, es una historia de amor fascinante pues ella añoraba el encuentro con su esposo. Y de eso se trata. 

Es la "odisea" de todos igualmente. Toda esta leyenda encierra otra metáfora oculta. Sería también interesante investigar qué es lo que permite que estas dos figuras míticas se mantengan mutuamente fieles. 




¿Habría sobrevivido el amor de Ulises y Penélope a la vida diaria en Itaca durante veinte años?, ¿o tal vez fueron los ideales de ambos, nutridos por la ausencia y el anhelo, los que les ayudaron a mantener vivo el romance? En "El Profeta" de Jalil Gibrán dice al respecto:

"Deja que haya espacios en tu unión...
Y permaneced juntos aunque no demasiado cerca uno del otro.
Pues los pilares del templo se mantienen separados,

y el roble y el ciprés no crecen bajo su mutua sombra."
 

Se refiere al desapego y a la armonía, como comencé este escrito. 

Unidad no implica complicidad y consentimiento, la unidad es armonía, que no es comulgar con las mismas ideas y conceptos. El respeto nace cuando nos damos cuenta que "ese otro siempre será diferente", está junto a tí, pero no es tu propiedad.

Se trata de un nuevo paradigma en las relaciones humanas, son unas nuevas vibraciones. 

Porque unidad es el poder de luz, vibrar y brillar con autonomía es el poder de la libertad. Sin hacerle violencia al prójimo (próximo).

La unidad permite atarse y desatarse en cualquier momento, no por eso se irrita y no permite salir.

La armonía y la unidad son eternas compañeras, son creativas y dinámicas, o sea, nada aburridas, no se detienen, no se estancan y viven en constante apertura, renovación y cambio.