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lunes, 29 de mayo de 2017

FÁBULA DEL PANADERO ENVIDIOSO


Se cuenta que en un pueblo muy lejano, un panadero hacía muy bien su trabajo, se levantaba temprano. Aún cuando todos dormían, este señor estaba amasando pan en su conocida panadería. Y así con las ganancias que recibía del pan y bizcochos vendidos cada mañana, mantenía dignamente a su familia y pequeños hijos....

Un vecino gruñón y envidioso también quiso montar un horno, pero con una diferencia: -"Yo no venderé el pan, lo ofreceré gratis a todos"... Este hombre pensaba hacerle la competencia, de esa manera todos lo conocerían y le valorarían más su pan. Pasó la noticia por todo el pueblo. Comenzó así su campaña y encima murmurando y hablando cosas indebidas, persuadiendo a sus vecinos sobre la calidad de sus productos horneados. 

Finalmente llegó el día de demostrar su rivalidad, comenzando a regalar su pan a todos...¿Y cuál no sería su sorpresa?...Casi nadie aceptaba de sus bollerías y empanadas y todos seguían acudiendo al horno del antiguo panadero. Lo asombroso es que la gente prefirió pagar el pan adquirido, pues quizás era una manera honesta de beneficiarse y a su vez ayudar a aquel panadero de siempre, que con tanto esfuerzo les tenía el pan listo y caliente a primera hora de la mañana....


"Todo tiene su precio", así versa la frase popular y muchas veces lo pagado para adquirir algo material o espiritual, es simbólico, ya que ese producto, igualmente posee un valor que va más allá de aquello "metálico" que ha facilitado su adquisición.. Aunque muchas veces sucede lo contrario y existen muchos aprovechados y corruptos. Pienso en el obrero humilde que no busca lucrarse, sino salir adelante con su pequeño negocio familiar.

Estimo que aquel que recibe algo u obtiene un bien de su prójimo, debe saber que detrás de todo, hay un tiempo dedicado y por tanto, un esfuerzo, unas energías y recursos materiales que se han invertido, por lo que en principio, sería siempre un motivo para agradecer y retribuir...

Nuestra sociedad actual es la de los extremos, cuando se va de compras y de ocio a comercios de "marcas", se puede gastar mucho dinero en baratijas que muchas veces se acumulan en los armarios, consumimos "comida basura" en cualquier cafetería o Burguer del centro de nuestras ciudades. Sin embargo, somos muy tacaños y críticos a la hora de apoyar a ese que nos propone algo por la calle, al de la empanada o al emigrante que nos muestra sus gangarrias o cuando necesitamos adquirir algún bien de tipo espiritual.

Por eso y seamos sinceros ¿Hasta qué punto nuestro dinero nos hace verdadera justicia?