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lunes, 26 de octubre de 2015

MANIPULACIÓN DEL TIEMPO LINEAL Y EL CONTROL MENTAL A LAS MASAS






Cuando se descubre que todo lo que te rodea es una ilusión o proyección de tu mente, luego usas los vienes materiales con desprendimiento y si se rompen: a la basura. Cuando llegan te sentirás feliz y si no los posees, también.


Pues lo visible es una percepción del ser, o sea, no existe.

Existe y vive la conciencia que le da forma y apariencia a los objetos, pero esto es lo que no nos han dicho, porque los que controlan el sistema holográfico, les conviene que vivas pensando que eres limitado, el sistema se ha creado para que dudes de ti, de tus recursos internos y herramientas de poder.

Las crisis económicas se inventan para que te deprimas y te hipoteques, para tener tu corazón en un "puño oscuro". Porque si tienes miedo a la carencia y a que no podrás pagar para vivir, entonces te vas a deprimir y harás cualquier cosa para salir de esa espiral decreciente.

"ELLOS, LOS OTROS", SABEN CÓMO FUNCIONA LA DINÁMICA DEL PODER.

Pero las crisis son una propuesta para establecer un "orden de control mental a las masas".




NO ACEPTAMOS ESE PROGRAMA, ENTONCES EL SISTEMA SE DESACTIVARÁ POCO A POCO, PUES EL PODER SE LO HEMOS DADO NOSOTROS MISMOS CON NUESTROS MIEDOS. 

Por eso, si cambiamos nuestro modo lineal de concebir la vida, los sistemas múltiples o abanicos de probabilidades se abrirán para todos, pasado, presente y futuro, serán una misma cosa.

Las cosas materiales entrarán en armonía y en sincronicidad con tu ser, porque los objetos desaparecen cuando no los proyectas dentro y aparecen en tu realidad física lineal cuando te armonizas con la idea de que están.

La ausencia es la falsa creencia de que tienes carencia intuitiva limitada, es el falso software implantado en el multi-ego social, de que dependes de alguien para ser feliz o prosperar, porque la abundancia y la presencia es el estado natural de la conciencia.

Tú eres la Fuente de donde mana tu realidad y de más nadie es, no le des poder y desaparecerá el drama y la adversidad.




SEGUNDA PARTE




EL TIEMPO CIRCULAR Y EL TIEMPO LINEAL

Hay un conflicto, que pasa desapercibido por la fuerza de la costumbre, sutil, entre los ritmos y los tiempos, entre la rutina, el horario preestablecido, el trabajo, la oficina, la misma hora de levantarse para salir, tomar la camionetica o el metro, salir a caminar, y el tiempo que se escapa a esos parámetros medibles; el conflicto entre la cuadratura, el esquema, el dogma, y lo circular y lo redondo; entre lo rígido y preparado, protocolar, y lo espontaneo y desinteresado.

Son dos tiempos que chocan o que tienen en sí dos formas totalmente controvertidas, o diametralmente opuestas de andar; en el tiempo lineal el hombre y la mujer se subordina a las horas, los segundos, los minutos, en cambio que en el tiempo circular la vida transcurre sin prisas, el tiempo parece pasar mas lento, porque el hombre y la mujer que son libres verdaderamente, viven el tiempo necesario.

Transcurren en el tiempo relajados, cómo explicarlo mejor, no son objetos de los minutos, sino que contemplan el amanecer, el ocaso, el día o la noche, el sol o la lluvia, la arcoíris, la luna, miran las nubes, el cielo, el color de la tierra, el verdor de los árboles, cada instante, cada momento es vivido, sentido, el ser humano que esta vinculado con este lenguaje, esta permanentemente aprendiendo de lo que ve y percibe, y reflexiona sobre si mismo y lo que aconteció, lo que pudiera suceder.

La especie humana es la síntesis de millones de millones de años de evolución del universo, las semillas y la expresión de la vida, es la expresión del cosmos y del universo, millones de partículas, materia y energía, átomos, millones de estrellas, que a escala humana serían millones de neuronas o células, en la vida de cada un@ se resume entonces todo esto, esta diversidad que somos no nos desvincula ni nos separa uno de otros, sino que nos encuentra y nos complementa, azules, amarillos, negros, blancos, morenos, rojos y violetas…

Nosotros tenemos un tiempo de vida, el planeta y el todo tienen un tiempo de vida, que no es lineal.

El tiempo es atemporal, y si las culturas de nuestros antepasados pudieron hacer calendarios, estos no eran para exprimir en base a la medición del tiempo, a los hombres o mujeres, y menos a la tierra. Los calendarios surgieron como interpretación de los ancestros a lo que percibían de los ciclos que se sucedían de manera natural, como un tiempo circular  y por ello los rituales y las ofrendas al tiempo circular, a la relación que tenía con la vida de la Pachamama y no a los caprichos de cualquiera.

Este tiempo lineal, impuesto por la lógica del mercado, esta comprobado que es la causa de nuestras miserias, de nuestras desgracias.

Las distintas culturas del planeta conciben el tiempo de dos formas básicas: cíclica y lineal.
Por lo general, las culturas antiguas, de las que somos herederos, y las cultural llamadas primitivas tienen una concepción cíclica del tiempo. Esto les vino dado seguramente por la observación del mundo natural. En efecto, en el mundo natural observable todos los acontecimientos tienen lugar dentro de un ciclo.

Por ejemplo, la Tierra tarda un año en dar la vuelta al Sol y un día en girar sobre sí misma. Esta es la causa de la existencia del ciclo de las estaciones y del ciclo del día y la noche. El Sol «sale» cada día y con él la vida cotidiana comienza de nuevo. Tras el invierno llega la primavera y con ella un nuevo ciclo anual, esencialmente idéntico al anterior.

Las migraciones de ciertas especies animales obedecen también a un ritmo cíclico, así como la floración, maduración, cosecha y deterioro de muchas especies vegetales. La vida del agricultor, del cazador, del recolector sigue un movimiento cíclico. De aquí la expresión: «No hay nada nuevo bajo el Sol». Esta percepción del tiempo está muy arraigada en las culturas agrícolas, cazadoras y recolectoras. De alguna manera, su supervivencia depende de la sincronización de la actividad humana con los ciclos de la Naturaleza.

Podríamos decir que esta percepción del tiempo imprime un carácter «conservador» a la cultura, a los individuos y al sistema social en los que impera. La función de cada nueva generación humana no es, desde este punto de vista, otra que la de repetir las pautas de comportamiento, los hábitos y los valores de la generación anterior.

Las culturas que se viven dentro de un tiempo cíclico son conservadoras y tradicionalistas. Una vez que encuentran un buen encaje entre la actividad humana y los ciclos de la Naturaleza, las nuevas generaciones no tienen más que seguir la tradición de sus antecesores. La misma supervivencia del sistema social depende de que se siga o no la tradición.

Estas culturas perciben el paso del tiempo con una gran lentitud. De hecho, se podría decir que el tiempo casi no pasa, ya que cada fase del ciclo actual es una repetición de la misma fase del ciclo anterior, esencialmente idéntico.

Cualquiera que haya salido de los límites culturales de los países llamados desarrollados o en vía de desarrollo ha podido percibir la lentitud con la que el tiempo pasa en las culturas ajenas a la zona de influencia americano-europea.

Esta forma de percibir el tiempo y de percibirse en el tiempo da generalmente lugar a una actitud fatalista ante la vida. Esta actitud es la que expresa el dicho: «Todo está escrito». Es decir, el guión de los acontecimientos está determinantemente marcado por las características del tiempo cíclico. Ante esta mecánica implacable, el ser humano no tiene más que obedecer, adaptarse y cumplir la función marcada objetivamente por el ciclo.

Esta percepción del tiempo como un círculo que continuamente se cierra sobre sí mismo sigue imperando en muchas culturas planetarias. En Europa dominó durante muchos siglos. Hasta que sobrevino el Racionalismo, la Revolución Industrial y sobre todo Darwin.

La teoría de la evolución de Darwin supuso una profunda transformación en la percepción del tiempo de los europeos. Frente al tiempo circular que se cierra continuamente sobre mismo, surgió la percepción del tiempo lineal, es decir, el tiempo como una flecha: con un origen y con una dirección.




Esta última percepción del tiempo es heredera directa de la teoría de la evolución de Darwin. En efecto, lo que en esencial vino a decirnos la teoría de la evolución es que las especies vegetales y animales, las formas vivientes, no han sido siempre como son ahora. No fueron creadas tal y como nosotros las vemos ahora. Sino que son (somos) el fruto de un largo proceso de evolución, es decir, de transformación. Desde este punto de vista, la vida no es una mera repetición cíclica de formas y fases anteriores sino una continua transformación, una evolución.

De pronto, el tiempo se liberó del círculo y se convirtió en una flecha, generando un abismo entre el antes y el después.

Esta percepción del tiempo es la que mayormente sigue imperando en las modernas sociedades tecnológicas post-modernas.

En la antigüedad, el tiempo cíclico era considerado sagrado. Su medición e interpretación correspondía a los sacerdotes, chamanes, astrólogos. Ellos eran los encargados de marcar el comienzo y el final de las distintas fases cíclicas.

Actualmente, con el advenimiento del tiempo lineal, el tiempo ha perdido su carácter sagrado. La percepción del tiempo se ha secularizado, aunque sólo aparentemente. El tiempo secular también ha erigido su tótem. Se le llama Progreso. Y sus sacerdotes son los políticos, tecnócratas, científicos y diseñadores sociales que teóricamente están conduciendo a la Humanidad hacia el sacrosanto Progreso.

A decir verdad, la percepción lineal del tiempo no ha sustituido completamente la percepción cíclica en las mentes de los individuos de las sociedades post-modernas. Ambas percepciones subsisten aún hoy día, generando una intensa contradicción en el alma de los individuos. Superficialmente es cierto que domina la percepción del tiempo lineal.

La prueba es que la mayoría de las sociedades modernas se hayan embarcadas en una carrera veloz hacia el Progreso. Pero, en el interior de estas mismas sociedades e individuos, subsiste aún con fuerza la percepción del tiempo circular y, de hecho, podemos observar una fuerte resistencia tanto en las sociedades como en los individuos a abandonar completamente la percepción cíclica del tiempo.

La percepción del tiempo como una línea direccional presenta grandes ventajas con respecto a la percepción del tiempo como un círculo, pero también encierra grandes inconvenientes.

Entre las ventajas podríamos señalar el énfasis en la libertad, responsabilidad, originalidad y creatividad del individuo. En efecto, si la función del individuo deja de ser la de mero repetidor de las costumbres y hábitos heredados, se hace evidente que su libertad de acción se expande y, con ella, su responsabilidad individual. Si el individuo ya no tiene porqué repetir el camino tradicional, se ve confrontado a crear su propia vida a partir de su originalidad individual. No es de extrañar pues que el advenimiento de la percepción lineal del tiempo estimulara la aparición del individualismo moderno.




Otra ventaja, asociada con la anterior, es la liberación del pasado que supone la percepción lineal del tiempo. Desde este punto de vista, no es imprescindible repetir el pasado. Por lo cual el individuo libera su potencial creativo y lo proyecta hacia el futuro. Esto ha hecho que nuestras sociedades modernas se hayan vuelto enormemente dinámicas, como manifestación del dinamismo generado en las mentes individuales por esta liberación del determinismo asociado a la percepción circular del tiempo. Dicho en otras palabras, el futuro ya no tiene porqué ser idéntico al pasado. Por lo tanto, podemos crearlo.

Pero simultáneamente a estas ventajas, la percepción lineal del tiempo también está provocando grandes desequilibrios en las sociedades e individuos en los que impera.

Quizás el más importante de ellos sea la excesiva proyección en el futuro. Si las sociedades en las que impera la percepción cíclica del tiempo tienden a permanecer ancladas en un pasado idealizado, las sociedades en las que impera la percepción lineal del tiempo tienden a proyectarse hacia un futuro de promisión. Es el mito del Progreso. El Progreso secular que los líderes políticos, económicos y sociales actuales prometen a nuestras sociedades modernas no es más que una actualización del mito de la Tierra Prometida que Moisés profetizó al pueblo de Israel. ¿Cuándo llegaremos a esa Tierra Prometida? Si tardamos demasiado en llegar a ella, o si no llegamos nunca, el pueblo puede desesperarse y puede dedicarse a adorar becerros de oro. Esto es exactamente lo que nos está sucediendo en los tiempos presentes.

Otro vacío importante creado por una percepción lineal del tiempo concierne al «sentido» de la flecha. Es decir, al sentido, a la dirección de la vida. En las culturas determinadas por la percepción cíclica del tiempo, la reflexión sobre el sentido de la vida ni siquiera tiene lugar. Desde este punto de vista, el tiempo no tiene ninguna dirección. Simplemente es una repetición circular. La función de las nuevas generaciones se reduce a repetir ritualmente los comportamientos y valores establecidos por los antepasados en el pasado glorioso. No hay ningún más allá del círculo.

El destino del ser humano es nacer, crecer, reproducirse, transmitir la tradición a sus sucesores y morir. Como las plantas o los animales.
Por el contrario, en la percepción lineal del tiempo el sentido de la flecha del tiempo surge con una intensidad dramática. El ser humano se ve confrontado con la responsabilidad de sus actos ya que sus actos presentes están creando un futuro nuevo. ¿Cuál y cómo debe ser ese futuro? He aquí al ser humano sólo ante su propia creatividad. ¿Qué sentido, adjudicarle al acto creador? ¿Qué dirección seguir? Si el tiempo es una línea ¿hacia dónde se dirige?




Otro efecto secundario de la percepción lineal del tiempo concierne a la aceleración progresiva de los ritmos vitales. Esta aceleración viene dada, por una parte, por el dinamismo que genera la liberación del pasado y, por otra, por la creciente ansiedad de alcanzar el futuro de promisión (la completa y absoluta realización del Progreso). Si en la percepción circular del tiempo, la meta de los individuos es la de ser idénticos a los felices ancestros del pasado, en la percepción lineal del tiempo la meta de los individuos es la de alcanzar lo antes posible el Futuro Feliz. Por ello, en los tiempos modernos, son muchos los que se dan mucha prisa por llegar lo antes posible al Progreso Futuro.

Se podría decir pues que si uno de los principales efectos secundarios de la percepción circular del tiempo es el excesivo apego al pasado, en la percepción lineal del tiempo es la ansiedad por el futuro. La ansiedad, cuya base es un deseo insatisfecho, acelera los ritmos y los tiempos.

Y otro de los principales desequilibrios generados por la percepción lineal del tiempo, quizá uno de los más cruciales desde mi punto de vista, y su correspondientes aceleración lo constituye el profundo abismo que crea entre el pasado y el futuro. En efecto, liberados del pasado lo único que les corresponde hacer a los individuos y sociedades es lanzarse de bruces hacia el futuro, olvidando la famosa frase que dice: «Quien no conozca el pasado está condenado a repetirlo».

Este hecho lo observamos, por ejemplo, en el profundo abismo generacional de nuestro tiempo. Desde este punto de vista el tiempo avanza hacia el futuro tan rápidamente que las nuevas generaciones creen no tener nada que aprender de las anteriores.

El pasado no importa. Sólo importa el futuro. Por otra parte, debido a la aceleración real de los procesos, es cierto que en muchas ocasiones los padres son incapaces de orientar convenientemente a sus hijos ya que desconocen completamente el mundo y los valores en los que se mueven sus cachorros. Cada generación es un mundo nuevo.

Los conocimientos, la tecnología, los hábitos sociales, las modas, los valores y pautas de comportamiento están transformándose a una velocidad tal que dos generaciones actuales que comparten el mismo tiempo de vida se hayan más distanciadas entre sí que la generación del Pitecántropos Erectus de la Homo Sapiens.

Si las culturas tradicionales ponen el énfasis en sus ancianos, porque representan todo su pasado, la culturas post-modernas ponen el énfasis en sus niños y adolescentes, porque ellos son su futuro.

El problema estriba en que en estos tiempos presentes la comunicación entre los ancianos y los adolescentes se reduce cada vez más drásticamente y la transmisión natural de una generación a otra, de persona a persona, de ser a ser, se empobrece en la misma medida.

¿Podemos experimentar el tiempo de alguna otra manera?



Del libro Fluyendo en el presente eterno
Dokushô Villalba