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domingo, 11 de enero de 2015

FRAGMENTO DEL LIBRO "EL TERCER ESTATUS, LA ERA DEL ESPÍRITU"




CAPITULO XVIII 

MÁS REVELACIONES Y EXTRAÑOS ENCUENTROS
EL MAESTRO ECKHART

Pasadas unas semanas me encontraba pintando en el improvisado estudio cuando percibo una silueta que atravesaba las cortinas de mi habitación, había alguien que desde fuera de la casa me empezaba a molestar de una manera insinuante. Abrí la puerta y un personaje con vestimenta civil alarga su mano hacia mí y me da una carta. Este presunto cartero o mensajero hablaba algo bajo y con cierta timidez se despidió sin más.

Mi corazón quería salirse de su órbita, mientras me acomodaba en el jergón de mi abuelo para ver el contenido de esa misiva extraña. Este fue el preludio y enlace de una serie de acontecimientos que abordaré más adelante en los próximos capítulos.

Por fin llegado el momento de concluir mis estudios universitarios, presenté una tesis sobre la resonancia de los colores a través de la vista y la psiquis, queriendo demostrar cómo los colores poseen además de algún tipo de música, cualidades terapéuticas de curación y sanación. Obteniendo excelentes calificaciones, había vivido nuevamente una experiencia maravillosa.

Lo cual iba a corroborar lo aprendido en los días de mi infancia con mi querido abuelo. Este me decía siempre que el proceso creativo pasaba por la conjunción entre la LUZ y el SONIDO, esos dos elementos hacían la obra de arte por excelencia, la que se daba a través de la inspiración, la imaginación y el pensamiento.

Toda la materia y por tanto, lo existente se debía a este MATRIMONIO: la naturaleza y TODO LO QUE ES. Nuestra realidad consciente era el resultado de esta unión. Aprendí de sus charlas que YO era un CREADOR y que siempre estaba en constante elaboración de mi mundo físico a través del cual expresaba mis emociones, las cuales creaban aún mi cuerpo carnal y espiritual. 

                            

En esa consonancia y armonía entre SONIDO y LUZ, elaboramos toda una serie de patrones que, a manera de diseño, van dándole forma poco a poco a ese UNIVERSO que nos rodea.

Todo lo anterior me parecía estupendo. Ya no había cabida a depresiones, teniendo en cuenta que era absurdo echarle la culpa a los demás, tema éste controvertido y épico debido a que vivimos muchas veces en la queja y culpando a los familiares, a los amigos, a la sociedad, a los políticos o a Dios de nuestras desgracias y fracasos.

Venimos a esta realidad a ser creadores, co-partícipes de una creación que no nos es ajena y no debido a un azar o por mera casualidad o caprichos de la madre naturaleza, que un día concibió a su antojo todo lo existente.

FUERZAS E INTELIGENCIAS SOBRENATURALES me guiaron nuevamente. Se impuso en mí la parte misteriosa, la cual, como sello indeleble, formaba parte ya de una REALIDAD PARALELA. Su sombra de luz iba prediciendo mis incursiones cotidianas.

Aquellas noches de calor tropical se hacían cada vez más intensas, muchas veces nos quedábamos a oscuras en todo el pueblo lo cual era muy propicio para contemplar con más nitidez, el paisaje de las alturas sin límites. Aprovechaba estos apagones programados por el gobierno para tumbarme en un jergón viejo que dispuso mi abuelo en la parte trasera de la casa. Así, contemplando las estrellas, se me iban las horas pues no se podía hacer otra cosa.

Tuve un rapto repentino y salí despedido de mi cuerpo como un cohete de su estación espacial. No tuve mucho tiempo para reflexionar cuando me vi en un contexto totalmente diferente.

El vuelo se detuvo en un pueblo de aspecto medieval, justo frente a una especie de monasterio gótico. Comencé a penetrar dentro de aquel majestuoso recinto en busca de algo, mientras caminaba una voz dirigía mis pasos hacia un destino que desconocía.

Atravesé ciertos atrios, arcos y muros rodeados de maleza aunque no con aspecto descuidado. Penetré en una amplia estancia de una belleza sobria y austera, era un enorme salón o estudio de típico aire renacentista, con los instrumentos y artilugios propios de la época.

A lo lejos divisé una figura sentada en un gran escritorio de madera bellamente sofisticada. La luz del día penetraba por unas ventanas alargadas y desde afuera se podía contemplar un paisaje de geografía europea y nada tropical.

                           

Mientras, una voz seguía indicando con carácter tierno y de modo imperativo. Seguí avanzando hacia dicho personaje y ya frente a él, me interpeló de la siguiente manera:

-Habías demorado mucho, por favor siéntate y contempla lo que te diré ya que no lo volveré a repetir.

El miedo se apoderó de mí pues no sabía qué estaba por suceder. Me dijo lo siguiente:

-No temas, YO SOY TÚ… Eres mi CREACIÓN, ahora estás en el siglo XIV y soy el Maestro Eckhart. Luego hizo un profundo silencio y mis manos empezaron a sudar, cosa totalmente absurda pues al no estar en mi cuerpo, ¿cómo se explicaba el hecho de mi sudor? Prosiguió con una pregunta que me dejó atónito:

-¿Qué es lo que quieres? Yo le interpelé con otra pregunta un poco más al caso:

-¿Estoy muerto?

-No, aún no. Desde tu perspectiva, la MUERTE es una pena que debes arrastrar producto de la ignorancia, pues LA MUERTE NO EXISTE, existe la EVOLUCIÓN, SOMOS CREATURAS ETERNAS en constante transformación.

Yo seguía sin entender nada y con mil dudas proseguí con mi cuestionario, puesto que se producían largas pausas.

-¿Entonces tú estás vivo?

El maestro hace un silencio mucho más prolongado, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo y nunca mejor dicho.

-¿Qué tú crees? Acércate más.- Me ordenó.

-Tengo aliento como tú, mi corazón palpita y puedo tocar los objetos que deseo.

A continuación hizo un gesto a manera de un globo que le proporciona oxígeno y su cuerpo fue transfigurado emitiendo una luz intensa de varios colores, adquiriendo proporciones extraordinarias.

Lo que vi y narraré a continuación fue indescriptible, su personalidad se auto-diseñó hacia unas formas simétricas perfectas, cada una con vida y color propio de una belleza y paz incalculable, el olor era como un aroma típico de esas catedrales en días de Pascua, parecía que estaba en un jardín a plena luz del día.

(Es una manera de describir lo que vi y sentí, pues para ser sincero, me quedo a años luz y corto en imágenes.)