Seguidores

jueves, 11 de julio de 2013

LAS ALMAS GEMELAS: ¿MI MEDIA NARANJA?

                                                                
Relaciones posesivas ¿mi media naranja?

Hablaremos sobre las relaciones posesivas en los vínculos de pareja, aunque ésta misma reflexión la podemos aplicar a otros vínculos como de padres e hijos, jefes y empleados, y demás.
Para que sea más fácil identificar éste tipo de vínculo haremos una descripción diferenciada de los roles que componen ésta relación para después pasar a interpretar desde un lugar más integrador.
A simple vista podemos ver en los vínculos de poder dos roles bien diferenciados: el controlador y el controlado teniendo en cuenta que hay diferentes grados.


Controladores:
Tenemos una necesidad imperiosa de saber y controlar todo lo que haga nuestra pareja.
Tenemos celos incontrolables y somos territoriales. Nos sentimos amenazados si nuestra pareja se interesa por algo por fuera de la relación.
Nos domina el miedo a perder el amor de nuestra pareja.
Sentimos que sin la persona amada no somos nada o somos todo si ella está a nuestro lado.
Para que responda a nuestras necesidades y temores tendemos a manipularla emocionalmente.
Sentimos que nos pertenece.
Nos conectamos con la ira y la frustración llegando a realizar actos de maltrato psíquico, físico y/o sexual.
Prima en nosotros la inseguridad y la baja autoestima.

Controlados:
Creemos que nuestra pareja demuestra su amor con el control y los celos.
Nos sentimos atrapados y supeditados a sus estados emocionales y sus necesidades.
Nos distanciamos en busca del espacio propio.
Creemos que sin nosotros ellos se morirían, nos sentimos irremplazables, necesitados y elegidos como únicos.
Tenemos temor a perdernos a nosotros mismos en la obligación del compromiso.

Aunque hemos hecho una descripción tajante de ambas partes veremos que es posible que nos identifiquemos con las características de ambos roles porque somos parte de la misma moneda.
Si revisamos nuestros vínculos podremos encontrarnos que en una relación nos posicionamos más desde el control y que en otra relación ocupamos el rol complementario.
Ésta descripción pone de manifiesto dos creencias sociales que creo imprescindible nombrarlas, que son:
Creemos que nuestra pareja cubre todas nuestras necesidades y es responsable de nuestras emociones, “me sentía sol@ hasta que conocí a mi pareja”, “soy feliz porque mi pareja me cuida”, “me siento abandonada porque mi pareja me dejó”, “si no estuviera me moriría”, “hacemos todas las cosas juntos, me siento complet@”,”he encontrado mi media naranja”. Éste pensamiento no lo cuestiono en relación a ser felices con nuestras parejas sino que creamos que su ausencia nos despoja de esa felicidad, que depende totalmente de su existencia.
Cuando hablamos de vínculos problemáticos tendemos a interpretar como si hubieran buenos y malos, víctimas y victimarios. “si mi pareja cambiara todo iría bien”, “si no fuera tan celos@ podríamos amarnos mejor”, “vuelvo a casa porque sino mi pareja se enfada”. En éste caso mi cuestionamiento no tiene que ver con el grado de responsabilidad que tenemos en nuestros vínculos porque si somos maltratadores la consecuencia de nuestros actos es de mayor impacto en la relación, sino que quisiera cuestionar nuestra mirada parcial sobre la situación, donde la balanza se inclina totalmente hacia una parte como el victimario y hacia la otra como la víctima.

Les propongo realizar una interpretación global sobre la situación, tener una mirada más integral y ver los vínculos como un todo con sus partes, las cuales sostienen el todo. Un círculo vicioso, con un feedback continuo que alimenta y mantiene el modo de relación.
Desde ésta mirada no hay culpables, no hay víctimas y victimarios sino que ambos somos responsables de nuestras propias acciones y emociones, lo cual implica revisar, aprender de los errores y reparar.
Si indagamos más profundamente en ambos roles nos puede ayudar a ver cómo sostienen el vínculo de poder, en sus diferentes grados. Veremos algunos puntos en común con ejemplos desde ambas posiciones:
Somos personas con heridas no curadas, que buscamos sanarlas a través de los vínculos amorosos. “Si nos sentimos solos buscamos una pareja que cubra ésta necesidad de compañía”.” Si tememos encontrarnos con nuestras tristezas buscamos una persona dependiente que nos mantenga ocupados en sus problemas”.
Vivimos centradas en nuestra pareja, establecemos vínculos de dependencia. “Estamos pendientes todo el tiempo en que estará haciendo”.” Estamos pendientes de hacer de todo para que no se enfade”.
Creemos que son las responsables de nuestro bienestar y malestar. “Sin su amor nos moriríamos”. “Por culpa de su comportamiento nos sentimos asfixiados”.
Lo que nos posiciona como seres queridos es el amor del otro y no el propio. La autoestima varía según nos quieren o no nos quieren. “Si no me atiende el teléfono entonces no nos quiere entonces no servimos para ser amados”.” Si no nos necesita entonces no nos quiere entonces no servimos para ser amados”.

Es un vínculo mutuo de dependencia en donde lo que buscamos es que nuestra pareja solucione nuestro mundo interno dañado.
Lo cual nos lleva a la frustración, el desengaño, la desilusión y la caída en picado de nuestras expectativas.
Si ambos nos hacemos responsables de cómo sostenemos la experiencia, más fácilmente es posible realizar un cambio.


Somos “dos” amándonos

Para lograr experimentar una relación de dos adultos que se aman a sí mismos, que aman al otro y que elijen estar con sus parejas desde la confianza y el respeto es importante:
Aceptar que el vínculo está sostenido por la actitud de ambas partes.
Ningún acto violento es justificable tanto psíquico como físico. El grado de responsabilidad estará en relación a las propias acciones y sus consecuencias.
Buscar en el autoconocimiento las razones de la propia inseguridad, baja autoestima y temor a la intimidad.
Frente a éste conocimiento curar nuestras heridas, aumentar nuestra autoestima y autoconfianza. En conclusión ocuparnos de nosotros mismos para ocuparnos de nuestros vínculos amorosos.
Saber que si nuestra pareja necesita algo diferente no quiere decir que no nos ama. Podemos tener gustos diferentes, compartir ciertos momentos y otros no y el proyecto en común se mantendrá enriquecido por lo vivido juntos y por los proyectos personales.
La pareja no es nuestra propiedad.
El proyecto en común se sostiene por la elección, no es una cuestión de necesidad.
Las propias inseguridades y miedos son nuestra responsabilidad, nuestra pareja no puede modificar éstas sensaciones ni tampoco somos responsables de las reacciones del otro.
Aceptar que pueden dejar de amarnos y no quiere decir que no valemos o que no somos dignos de ser amados. La autoestima depende principalmente de nosotros mismos. 


Los sentimientos que tenemos hacia los demás son los mismos que tenemos hacia nosotros.
La emoción que está presente en éstas relaciones de poder es el temor a no ser querido por otra persona por esto quiero dejarles una pregunta imprescindible ¿nos amamos a nosotros mismos?

Un saludo para todos.

Escrito por Jaquelina Pievaroli
Fuente: http://www.psicologoenbarcelona.com/psicoterapia-barcelona/item/36-relaciones-posesivas.html